7 feb 2011

Carlos

Después de que la chica hubiera salido corriendo en busca de su gato, la puerta se abrió dejando entrar a un chico cargado solo con una bolsa que no paraba de moverse sospechosamente, iba vestido con el atuendo típico y un bolso que parecía moverse con vida propia. El chico dijo algo, pero no lo entendí bien.
-¿Decías?-comente levantando la cabeza del monstruoso libro de los monstruos a la vez que uno de los dragones se levantaba en vuelo en la ilustración y desaparecía agitando las alas.

-¡Hola! Preguntaba si está libre ese asiento. Bonito colgante, ¿Un colacuerno húngaro, no? ¿Me dejas echarle un vistazo?

-Aja, un colacuerno húngaro,-conteste con algo de desdén, no me gustaba la gente preguntona- y puedes verlo desde ahí sentado.

-Lo siento, me puede el entusiasmo. Veamos... Un macho joven, fuerte. Creo que es un incisivo. Es de una pequeña población montañosa, no recuerdo ahora el nombre... Tendría unos diez años o así, ¿No?-contesto el chaval, sin haber pillado bien bien el último comentario algo despectivo y el hecho de que ni siquiera le hubiera pedido el nombre ni hubiera ofrecido el mío.

-No exactamente, el colmillo era de un esqueleto de un macho viejo, pequeño, y en muy buen estado-Replique con ese tono que usaba para corregir a la gente, mientras metía el libro dentro de la maleta.

-Maldita sea, mi padre me deshereda como se entere de que he confundido un diente de un macho viejo con uno joven...-Al joven se le cortó la respiración al ver la portada del libro-¡Ala! ¿De qué edición es? He oído que en la última le han puesto otro par de colmillos. ¿Hablan sobre esa población recién descubierta de Acromántulas en Borneo? Me encantaría ponerme al día... Pero sólo me he leído las seis primeras ediciones.-Aquel comentario sobre las Acromántulas despertó en mi cierta curiosidad.

-Aja, y no solo eso, también están las especulaciones sobre la nueva especie de dragón español que dicen que han encontrado cerca de los pirineos, algunos afirman que es autóctona española y otros que son una manada migratoria, pero todavía están haciendo pruebas.-Conteste, recitando los datos que había aprendido en aquella conferencia en la ciudad de Madrid.

-¡Qué fuerte! Si casi pude verlos desde la ventana de mi cuarto. Mi padre me hizo levantarme al alba para verlos... Pero mereció la pena. La verdad, no tiene muy claro aún qué eran.-Contesto con entusiasmo casi levantándose.

-según he oído lo más probable es que sean dragones de otra región que han llegado volando hasta los pirineos y se han asentado allí -dije mientras miraba el diente del colacuerno húngaro. La chica se había marchado hacia 10 minutos y seguramente ya tendría el pelo totalmente verde.

-¿Dónde has oído eso?-Preguntó el chaval con una sonrisa de oreja a oreja.

-estuve en una convención sobre el "dragón espinoso del pirineo" la semana pasada, allí estuvieron comentándolo-le respondí, ya entusiasmado por el giro que había cogido la conversación.

-¿El conferenciante era Francisco José Muñoz Hernández?-Pregunto el chico, con un tono familiar en aquel nombre.

-Si, fue uno de los que expuso las similitudes con cierta manada de colacuerno algo más pequeño que la media que había desaparecido en húngria.-contesté.

-Papá es más despistado... Tuvimos que mandarle los papeles por lechuza. Se los había dejado en el estudio... Me reí mucho cuando imaginé su cara-El chico se rió alegremente.

-oh, vaya-dije interesado, aquel chico era el hijo de aquel conferenciante que hablaba con las similitudes con el colacuerno. La bolsa del chico empezó a moverse un poco- menudo bicho llevas ahí.

-Ostras, que cabeza. Estarán súper asustados... Por cierto, me encanta tu pitón. ¿Es de la India?-Dijo mientras rebuscaba en su bandolera. Lentamente y con cuidado comenzó a sacar una jaula para gatos de su interior, y la depositó en el suelo con cuidado. Unos ojillos amarillos brillaban entre los barrotes.

-Si, antes casi se come a un gato que ha entrado aquí-dije riendo, al rememorar al azul ruso saltando de asiento en asiento para poder salir del vagón.

-Eso explicaría lo de la chica persiguiéndolo... Por suerte éste está acostumbrado a tratar con bichos grandes.-contesto orgulloso.

-Nagga es muy lista, pero aun no es muy grande-dije y la serpiente como si supiera donde tiene que ir empezó a bajar de su escondrijo serpenteando por la pared

-Es preciosa.-Mientras decía esas palabras trataba con escaso éxito de tirar de una argolla que sostenía lo que parecía una gran jaula para búhos, que asomaba de la bolsa. Del interior de la bandolera se oían graznidos de indignación.

-¿Cuántas cosas llevas?-pregunte algo extrañado, la verdad es que tenía muchos bichos.

-Uff... Dónde habré puesto al maldito sapo... Perdón, ¿decías? Ah, lo que permitían las normas del colegio. Una rata, un sapo y a estos dos-Dijo señalando las jaulas que yacían en desorden en el vagón.

-Si rellenas una solicitud puedes traer algún bicho raro-Apunté mientras la serpiente se enroscaba por mi cuerpo bajando hasta mi regazo.

-¡Mierda! Bueno, la verdad es que éstos son mis favoritos...-Un croar grave surgió de pronto del interior de la túnica del chico.-¡Anda! Ahí estaba. Mira, ¿te gusta?-Metió sus manos en un bolsillo y extrajo un enorme escuerzo de colores brillantes y vivos. Parecía una invitación a una muerte segura si a alguien se le ocurría metérselo a la boca.-Se llama Toxinas. No se me ocurría un nombre...

-Interesante nombre-La pitón miraba el sapo con sus ojos hipnóticos, calibrando si podría ser una comida- Nagga, no te lo comas o te pondrás enferma-dije mientras acariciaba la cabeza de la serpiente

-La rata mejor no la saco...-Dijo el chico mirando de reojo a Nagga.-No creo que se lleven muy bien.

-No, creo que se la comerá, además desde que el gato le ha saltado está enfadada-conteste

-Por eso lo decía; Por cierto, soy un maleducado. Me pongo a hablar y no paro. Mi nombre es Pablo Muñoz, ¡Encantado! Te daría la mano pero no sé si es muy sano después de haber tocado a Toxinas...

-No es lo peor que he tocado hoy-dije apretando su mano- Carlos Draconis

-¡Ala! Creo que somos primos quintos, o sextos. No importa, ya sabes como va la cosa entre las familias de magos... Mendel se tiraría de los pelos

-Si...-Cuando mire por la ventana, el tren ya había salido hacia un rato y ya viajábamos hacia el colegio de magia, no había vuelto a ver a la chica y sus maletas estaban en el compartimento, con la jaula del gato tumbada y abierta. Puse los pies encima del asiento y tapándome un poco cerré los ojos, había un par de horas hasta el colegio. La serpiente siseo y se coloco a mi lado dormitando.