Carlos se había dormido hacía ya un rato sin mucha ceremonia de despedida, y yo estaba sumido en hondas reflexiones sobre el origen evolutivo de los grindylows cuando hizo su aparición la chica que perseguía a su gato, con el cabello de color verde intenso. Gritó una incoherencia y de pronto pareció percatarse de mi presencia. Todo lo cortés que pude, le saludé:
-¡Anda! ¡Hola! Creo que no puede oírte, se ha lanzado un hechizo de silencio o algo así para dormir... Me gusta tu pelo.
La chica se quedó un poco cortada. Miró, desconfiada, hacia Carlos, y luego, derrotada, se decidió a meter el gato en la jaula. Éste le bufaba y arañaba, y después de un intenso forcejeo, el animal por fin quedó preso. Tras la batalla, se sentó a mi lado, rascándose las heridas que le había abierto el felino. Parecían profundas.
-¿Estás bien? Parece que tu gato es un poco nervioso...
-Le he pegado una patada, es comprensible. Pero aun así, le odio con todas mis fuerzas. -Suspiró, observándose el cabello- ¿Entonces... has dicho que te gusta?
La verdad es que era muy bonito, así que fui sincero.
-Sí, es un tono muy parecido al que tienen los dragones galeses... Bueno, el suyo es un poco más intenso, pero parece el de una cría o tal vez el de un ejemplar con... Da igual. Me llamo Pablo, encantado de conocerte.
-Lorena -respondió ella, sonriendo tímidamente- ¿conoces al bello durmiente?
-¿A quién?-Miré a mi alrededor, confundido. Señaló con el dedo a Carlos, que estaba con los brazos cruzados y, al parecer, profundamente dormido. -Al domador de serpientes.- Con que era eso…
-¡Ah! Vaya, no sabía que era bello. Seguramente le interese conocer tu opinión, luego se lo comentaré... Pues lo conozco desde hace unos cinco minutos, es un chico bastante interesante. Le gustan los dragones; Aunque estoy casi seguro que el colmillo es de macho joven...
Lorena me miró con cara de haberse aparecido en un país extranjero y luego se dispuso a ordenar unas cajas de tela que había por el suelo. Como parecía que no podía levantarlas, decidió empujarlas hacia la ventana, unas encima de otras.
-¿Tú eres hijo de magos?
Pensé un instante en mis padres, cada uno casi en las antípodas terráqueas del otro.
-¡Sí! Los dos estudian criaturas mágicas. Son geniales... Espero ser como ellos algún día. ¿Y los tuyos?
-Mi padre tiene una tienda de cómics y mi madre trabaja en una oficina. Superinteresante todo, como podrás observar.-Suspiró ella.
-¡Ala! A veces paso por una tienda de modelismo muggle y me gusta echárle un vistazo a los tebeos. Que no se muevan es un poco tedioso, pero la verdad es que las tramas son bastante más interesantes que la media de los cómics magos...
- ¿Crees que todos los del colegio hijos de magos?
-No, no creo. De hecho hay bastantes como tú, no te preocupes.-Mi comentario pareció animarla un poco.
-¿A qué curso vas?
-Por ahora a ninguno. ¡Voy a empezar primero! ¿Tú eres nueva también, no?
-Sí, y la verdad es que estoy un poco nerviosa. Es la primera vez que voy a un colegio de internos, ¿cómo era tu colegio?
-Mmmmh...-¿Colegio? Interesante, los muggles tenían educación infantil previa.- Los magos hacen su primera parada escolar a los once años. A mis padres y a mí nos parece un fallo educativo terrible, pero es lo que hay. Se supone que los padres les enseñan a sus hijos lo elemental...
-Entonces no estaré muy retrasada, menos mal. Me dijeron que no podía practicar con la varita hasta llegar al colegio, y aunque he estado leyendo, no me entero de nada -Sacó de una bolsa grande y redonda una varita que relucía, totalmente nueva- La mía es de madera de tilo, canela y un cabello de veela. No sé qué son, pero me dijo el de la tienda que provocan que las varitas sean más temperamentales. A mí lo que me gusta es que huele bien, mira -acercó la varita a mi nariz, que tenía un inconfuntible olor a canela. Me eché instintivamente hacia atrás, desviándome de la trayectoria de la varita.
-Ten cuidado con eso...-Dije con una sonrisa nerviosa.
-Perdona... -con aire avergonzado, la volvió a guardar en la bolsa.
Qué susto me había dado.
-No pasa nada mujer, es que he leído demasiados casos de accidentes domésticos. Es una varita preciosa. ¿Cabello de veela? Qué curioso.
-¿Por qué? ¿Qué son? Me los imagino como caballitos o algo así.
-Más o menos... Bueno, podríamos decir que... ambos tienen pelo. En alguna ocasión he podido ver alguna con mis padres, es una criatura feérica, podría decirse que son como mujeres de piel verde y voz sedosa. Tienen unos potentes efectos de atracción sobre el sexo masculino, pero por suerte cuando las ví mi sistema hormonal no estaba lo suficientemente desarrollado... Sin embargo, los hombres adultos hacen cosas raras cuando hay veelas delante. Es bastante gracioso, pero las mujeres no le encuentran mucha gracia...
-Oh... ¿entonces tu padre qué hizo?
-Es un poco embarazoso. Baste decir que durmió en el sofá un par de días.
-¡Oye! -Exclamó ella, como si acabara de darse cuenta- ¿Eso es un búho? ¿Puedo cogerlo? ¿Pica? ¡Es precioso!
Miré de refilón a Omnos, que no le quitaba el ojo al rincón de las maletas en el que Nagga, la pitón india, acechaba entre las sombras.
-Se llama Omnos, es un búho real. Está un poco nervioso porque tiene una pitón india mirándole desde el hueco de las maletas, yo no acercaría la mano. Pero normalmente es majo.
-Es super bonito. Y tu gato también ¿cómo se llaman?
-Mi gatita es un cruce, la verdad es que no tengo ni puñetera idea de qué razas eran sus progenitores. Se llama Felisa, y creo que a ésta sí puedes tocarla...-Dije mientras la sacaba de la gatera y se la tendía. Me encantaba el tacto de su pelaje, sobre todo la zona de la nuca y los hombros, poblada por una densa melena rojiza.-Deduzco que tiene que tener algo de persa o de Angora, por el pelo. Pero la verdad, me importa un rábano. Los cruces son menos propensos a patologías genéticas...
-Es muy bonita, parece un león. Yo tengo una perra en casa, se llama Nala y también es un cruce, pero es guapísima también. No me la he podido traer porque sólo dejaban gatos, lechuzas o sapos. Mi madre dijo que la lechuza lo cagaría todo cuando volviera en vacaciones, y el sapo le daba repelús, aunque a mí las ranas me encantan. Como me puse muy pesada, acabó comprándome a Perro, que no tiene el pelo muy largo, pero le pareció precioso, tan azul. Ella cree que es por la magia, pero le pregunté al de la tienda y todos los azul ruso lo tienen así.
-Conozco la raza, siempre me ha parecido interesante. ¿Por qué se llama Perro?-Pregunté intrigado.
-Me pareció divertido -sonrió.
Cada vez era más interesante.
-Como mínimo es inesperado. Qué pena que a tus padres no les gusten los anfibios, hace poco conseguí un ejemplar muy curioso. Estoy a la espera de que manifieste algunas habilidades sorprendentes... Pero ya es suficiente, cuando hablo de bestias me enrollo como las persianas. ¿Estás nerviosa? ¡Somos aprendices de mago!-Siempre me atropellaba al hablar, maldita sea. Sin embargo, Lorena sobrevivió a la avalancha:
-¡Lo sé! Para ti será normal, viviendo entre magos, pero yo... ¡Imagínate la sorpresa! Nadie de mi familia se lo creía. Pero yo sospechaba que pasaban cosas raras conmigo, que no era del todo normal. Mi madre estuvo muy preocupada cuando empecé a soñar cosas que luego ocurrían, o cuando se prendió fuego el armario de mi hermano. Yo deseé que pasara, pero no lo hice.
¿Sueños premonitorios? Aquello era algo anómalo entre magos, pero pensé que tal vez se pondría incómoda si preguntaba sobre el tema.
-¿Deseaste que...? Da igual, no quiero ser indiscreto. No te preocupes, todos somos nuevos. Mis padres me han informado un poco de la situación, pero han preferido que permanezca en la mayor ignorancia posible para "hacerlo más divertido". Odio su sentido del humor... Y odio vivir en la ignorancia. Volviendo al tema, oirás a algún enano mental que se creerá mejor por venir de familia de magos, pero no hagas el menor caso. Esos suelen ser los hechiceros más incompetentes luego. Tú cometido en estos siete años es empaparte de conocimientos como una esponja.
-Hablas como un profesor...
-Me lo dicen mucho...-Dije apesadumbrado.
-A mí me llaman tonta a menudo, es mejor hablar como un profesor. Además, me gusta aprender cosas de los animales, y tú hablas mucho sobre ellos.
-¿Te llamaban tonta? A mí no me lo pareces. Normalmente las personas que insultan a otras lo hacen porque se sientes inferiores a ellas... Y suelen gastar como insultos sus propios temores e inseguridades.-Al observar la mirada de mi interlocutora me percaté de que estaba empezando de nuevo un monólogo. -Mmmmh... Me temo que no hablo mucho sólo de animales... Hablo mucho en general.
-Sí -rió- pero eso me gusta. Normalmente soy yo la que habla por los codos, así que ver a otras personas haciendo sus discursitos también es divertido. Por cierto, ¿crees que faltará mucho para llegar? -Preguntó, oteando por la ventana. El cielo cada vez se volvía más oscuro.
-Mujer, hemos salido hace...-Hice un pequeño cálculo mental-Veintiseis minutos, y el viaje es desde Madrid hasta el País Vasco. Habremos recorrido un 20% del trayecto a lo sumo.
-Si quieres, podemos matar el tiempo un rato con algún juego de mesa. ¿Te gusta el ajedrez?
-Lo detesto desde que mi prima me obligó a jugar cada hora durante dos semanas -respondió con sinceridad. Luego bostezó- Me he levantado muy temprano hoy para llegar a Madrid ¿Te importaría que me echara un sueñecito?
-Para nada. Tengo algo de lectura para entretenerme... Espero que no se me hayan desordenado los volúmenes con el traqueteo del viaje.-Comenté mientras metía la mano hasta el hombro en mi bandolera. A ver si encontraba El Origen de las Especies, mi padre me lo había conseguido hacía poco-Ajá, lo tengo. El lomo es inconfundible.
Lorena miró con curiosidad el libro, pero, vencida por el sueño, se inclinó sobre el mullido asiento y cerró los ojos, poniendo las manos como almohada. Me encogí de hombros y miré unos instantes por la ventana. El cielo estaba despejado y aún faltaba un buen rato para anochecer, así que abrí la primera página.
-¡Anda! ¡Hola! Creo que no puede oírte, se ha lanzado un hechizo de silencio o algo así para dormir... Me gusta tu pelo.
La chica se quedó un poco cortada. Miró, desconfiada, hacia Carlos, y luego, derrotada, se decidió a meter el gato en la jaula. Éste le bufaba y arañaba, y después de un intenso forcejeo, el animal por fin quedó preso. Tras la batalla, se sentó a mi lado, rascándose las heridas que le había abierto el felino. Parecían profundas.
-¿Estás bien? Parece que tu gato es un poco nervioso...
-Le he pegado una patada, es comprensible. Pero aun así, le odio con todas mis fuerzas. -Suspiró, observándose el cabello- ¿Entonces... has dicho que te gusta?
La verdad es que era muy bonito, así que fui sincero.
-Sí, es un tono muy parecido al que tienen los dragones galeses... Bueno, el suyo es un poco más intenso, pero parece el de una cría o tal vez el de un ejemplar con... Da igual. Me llamo Pablo, encantado de conocerte.
-Lorena -respondió ella, sonriendo tímidamente- ¿conoces al bello durmiente?
-¿A quién?-Miré a mi alrededor, confundido. Señaló con el dedo a Carlos, que estaba con los brazos cruzados y, al parecer, profundamente dormido. -Al domador de serpientes.- Con que era eso…
-¡Ah! Vaya, no sabía que era bello. Seguramente le interese conocer tu opinión, luego se lo comentaré... Pues lo conozco desde hace unos cinco minutos, es un chico bastante interesante. Le gustan los dragones; Aunque estoy casi seguro que el colmillo es de macho joven...
Lorena me miró con cara de haberse aparecido en un país extranjero y luego se dispuso a ordenar unas cajas de tela que había por el suelo. Como parecía que no podía levantarlas, decidió empujarlas hacia la ventana, unas encima de otras.
-¿Tú eres hijo de magos?
Pensé un instante en mis padres, cada uno casi en las antípodas terráqueas del otro.
-¡Sí! Los dos estudian criaturas mágicas. Son geniales... Espero ser como ellos algún día. ¿Y los tuyos?
-Mi padre tiene una tienda de cómics y mi madre trabaja en una oficina. Superinteresante todo, como podrás observar.-Suspiró ella.
-¡Ala! A veces paso por una tienda de modelismo muggle y me gusta echárle un vistazo a los tebeos. Que no se muevan es un poco tedioso, pero la verdad es que las tramas son bastante más interesantes que la media de los cómics magos...
- ¿Crees que todos los del colegio hijos de magos?
-No, no creo. De hecho hay bastantes como tú, no te preocupes.-Mi comentario pareció animarla un poco.
-¿A qué curso vas?
-Por ahora a ninguno. ¡Voy a empezar primero! ¿Tú eres nueva también, no?
-Sí, y la verdad es que estoy un poco nerviosa. Es la primera vez que voy a un colegio de internos, ¿cómo era tu colegio?
-Mmmmh...-¿Colegio? Interesante, los muggles tenían educación infantil previa.- Los magos hacen su primera parada escolar a los once años. A mis padres y a mí nos parece un fallo educativo terrible, pero es lo que hay. Se supone que los padres les enseñan a sus hijos lo elemental...
-Entonces no estaré muy retrasada, menos mal. Me dijeron que no podía practicar con la varita hasta llegar al colegio, y aunque he estado leyendo, no me entero de nada -Sacó de una bolsa grande y redonda una varita que relucía, totalmente nueva- La mía es de madera de tilo, canela y un cabello de veela. No sé qué son, pero me dijo el de la tienda que provocan que las varitas sean más temperamentales. A mí lo que me gusta es que huele bien, mira -acercó la varita a mi nariz, que tenía un inconfuntible olor a canela. Me eché instintivamente hacia atrás, desviándome de la trayectoria de la varita.
-Ten cuidado con eso...-Dije con una sonrisa nerviosa.
-Perdona... -con aire avergonzado, la volvió a guardar en la bolsa.
Qué susto me había dado.
-No pasa nada mujer, es que he leído demasiados casos de accidentes domésticos. Es una varita preciosa. ¿Cabello de veela? Qué curioso.
-¿Por qué? ¿Qué son? Me los imagino como caballitos o algo así.
-Más o menos... Bueno, podríamos decir que... ambos tienen pelo. En alguna ocasión he podido ver alguna con mis padres, es una criatura feérica, podría decirse que son como mujeres de piel verde y voz sedosa. Tienen unos potentes efectos de atracción sobre el sexo masculino, pero por suerte cuando las ví mi sistema hormonal no estaba lo suficientemente desarrollado... Sin embargo, los hombres adultos hacen cosas raras cuando hay veelas delante. Es bastante gracioso, pero las mujeres no le encuentran mucha gracia...
-Oh... ¿entonces tu padre qué hizo?
-Es un poco embarazoso. Baste decir que durmió en el sofá un par de días.
-¡Oye! -Exclamó ella, como si acabara de darse cuenta- ¿Eso es un búho? ¿Puedo cogerlo? ¿Pica? ¡Es precioso!
Miré de refilón a Omnos, que no le quitaba el ojo al rincón de las maletas en el que Nagga, la pitón india, acechaba entre las sombras.
-Se llama Omnos, es un búho real. Está un poco nervioso porque tiene una pitón india mirándole desde el hueco de las maletas, yo no acercaría la mano. Pero normalmente es majo.
-Es super bonito. Y tu gato también ¿cómo se llaman?
-Mi gatita es un cruce, la verdad es que no tengo ni puñetera idea de qué razas eran sus progenitores. Se llama Felisa, y creo que a ésta sí puedes tocarla...-Dije mientras la sacaba de la gatera y se la tendía. Me encantaba el tacto de su pelaje, sobre todo la zona de la nuca y los hombros, poblada por una densa melena rojiza.-Deduzco que tiene que tener algo de persa o de Angora, por el pelo. Pero la verdad, me importa un rábano. Los cruces son menos propensos a patologías genéticas...
-Es muy bonita, parece un león. Yo tengo una perra en casa, se llama Nala y también es un cruce, pero es guapísima también. No me la he podido traer porque sólo dejaban gatos, lechuzas o sapos. Mi madre dijo que la lechuza lo cagaría todo cuando volviera en vacaciones, y el sapo le daba repelús, aunque a mí las ranas me encantan. Como me puse muy pesada, acabó comprándome a Perro, que no tiene el pelo muy largo, pero le pareció precioso, tan azul. Ella cree que es por la magia, pero le pregunté al de la tienda y todos los azul ruso lo tienen así.
-Conozco la raza, siempre me ha parecido interesante. ¿Por qué se llama Perro?-Pregunté intrigado.
-Me pareció divertido -sonrió.
Cada vez era más interesante.
-Como mínimo es inesperado. Qué pena que a tus padres no les gusten los anfibios, hace poco conseguí un ejemplar muy curioso. Estoy a la espera de que manifieste algunas habilidades sorprendentes... Pero ya es suficiente, cuando hablo de bestias me enrollo como las persianas. ¿Estás nerviosa? ¡Somos aprendices de mago!-Siempre me atropellaba al hablar, maldita sea. Sin embargo, Lorena sobrevivió a la avalancha:
-¡Lo sé! Para ti será normal, viviendo entre magos, pero yo... ¡Imagínate la sorpresa! Nadie de mi familia se lo creía. Pero yo sospechaba que pasaban cosas raras conmigo, que no era del todo normal. Mi madre estuvo muy preocupada cuando empecé a soñar cosas que luego ocurrían, o cuando se prendió fuego el armario de mi hermano. Yo deseé que pasara, pero no lo hice.
¿Sueños premonitorios? Aquello era algo anómalo entre magos, pero pensé que tal vez se pondría incómoda si preguntaba sobre el tema.
-¿Deseaste que...? Da igual, no quiero ser indiscreto. No te preocupes, todos somos nuevos. Mis padres me han informado un poco de la situación, pero han preferido que permanezca en la mayor ignorancia posible para "hacerlo más divertido". Odio su sentido del humor... Y odio vivir en la ignorancia. Volviendo al tema, oirás a algún enano mental que se creerá mejor por venir de familia de magos, pero no hagas el menor caso. Esos suelen ser los hechiceros más incompetentes luego. Tú cometido en estos siete años es empaparte de conocimientos como una esponja.
-Hablas como un profesor...
-Me lo dicen mucho...-Dije apesadumbrado.
-A mí me llaman tonta a menudo, es mejor hablar como un profesor. Además, me gusta aprender cosas de los animales, y tú hablas mucho sobre ellos.
-¿Te llamaban tonta? A mí no me lo pareces. Normalmente las personas que insultan a otras lo hacen porque se sientes inferiores a ellas... Y suelen gastar como insultos sus propios temores e inseguridades.-Al observar la mirada de mi interlocutora me percaté de que estaba empezando de nuevo un monólogo. -Mmmmh... Me temo que no hablo mucho sólo de animales... Hablo mucho en general.
-Sí -rió- pero eso me gusta. Normalmente soy yo la que habla por los codos, así que ver a otras personas haciendo sus discursitos también es divertido. Por cierto, ¿crees que faltará mucho para llegar? -Preguntó, oteando por la ventana. El cielo cada vez se volvía más oscuro.
-Mujer, hemos salido hace...-Hice un pequeño cálculo mental-Veintiseis minutos, y el viaje es desde Madrid hasta el País Vasco. Habremos recorrido un 20% del trayecto a lo sumo.
-Si quieres, podemos matar el tiempo un rato con algún juego de mesa. ¿Te gusta el ajedrez?
-Lo detesto desde que mi prima me obligó a jugar cada hora durante dos semanas -respondió con sinceridad. Luego bostezó- Me he levantado muy temprano hoy para llegar a Madrid ¿Te importaría que me echara un sueñecito?
-Para nada. Tengo algo de lectura para entretenerme... Espero que no se me hayan desordenado los volúmenes con el traqueteo del viaje.-Comenté mientras metía la mano hasta el hombro en mi bandolera. A ver si encontraba El Origen de las Especies, mi padre me lo había conseguido hacía poco-Ajá, lo tengo. El lomo es inconfundible.
Lorena miró con curiosidad el libro, pero, vencida por el sueño, se inclinó sobre el mullido asiento y cerró los ojos, poniendo las manos como almohada. Me encogí de hombros y miré unos instantes por la ventana. El cielo estaba despejado y aún faltaba un buen rato para anochecer, así que abrí la primera página.