Caminaba distraído entre los vagones, fijándome con más detención en las paredes y el suelo revestidos de madera que en mis futuros compañeros. Santo cielo, tanta madera era un buffet libre para Bundimuns... Sumido en esos pensamientos me di cuenta de pronto de que el ruido había desaparecido, y había llegado a un vagón desocupado. Bueno, casi desocupado. Había unas figuras de aspecto poco halagüeño repantigadas cuan largas eran en los asientos, ocupando bastantes más plazas de las necesarias. Eran dos jóvenes que cumplían el estereotipo de matón típico, y que ahora me dirigían miradas entre divertidas y peligrosas. Sin embargo, no quería tener problemas nada más empezar el curso, así que decidí girar sobre mis pasos con discreción, pero fui a topar con un enorme tórax que me cortaba el paso. Alcé la vista y pude contemplar un rostro de boxeador, con el pelo muy corto y una sonrisa de autosuficiencia en los labios. Me miró desde lo alto y dijo a sus compinches:
-¡Mirad, tíos! Acaba de entrar un renacuajo de primero. Joder, cada año son más pequeños, ¿Eh? ¿Dónde está tu mamá, chiquitín?
Tenía que evitar meterme en problemas... En mi mente aparecían catorce formas distintas de inmovilizar a aquel necio, tercamente enseñadas por mi abuela desde que yo tenía uso de razón. Era una ventaja de tener parientes asiáticos. Intenté ser diplomático:-Disculpa, no quería importunaros. Si eres tan amable...-Hice ademán de rodearle, pero me volvió a cortar el paso. Parecía que estaba disfrutando con aquello.
-"Si eres tan amable-Repitió con una voz ñoña y aguda que se parecía muy poco a la mía-Qué gilipollas. Mira, te diré lo que vamos a hacer. Necesito ingredientes para pociones y si me los das, a cambio yo te dejaré intacta esa naricilla de nena que tienes. ¿Te parece bien?-Sin que se diese cuenta deslicé mi mano hacia el bolsillo de mi túnica y comencé a rodear el ancho cuello de Toxinas, ignorando las risitas de complicidad de sus compinches.
-La verdad, me parece un trato bastante injusto. Yo tenía mi nariz intacta antes de encontrarme contigo, y no gano nada con ello. Así que haz el favor de desplazar tu enorme masa hacia un lado para que pueda pasar, montón de excreciones de gusarajo.
Al matón no le gustó nada aquello. Me cogió por las solapas de la túnica y me levantó, quedando nuestros ojos a la misma altura. Acercó su desagradable rostro al mío y gruñó:- ¿Qué me has llamado, enano?
Mi paciencia se había agotado. Extraje a Toxinas del bolsillo, y antes de que aquel gorila pudiese reaccionar, apreté con fuerza el cuello de mi mascota y escupió aproximadamente medio litro de un líquido de color violáceo muy caliente, increíblemente corrosivo y maloliente. El imbécil me soltó profiriendo un alarido y cayó de rodillas al suelo, tapándose la cara con las manos y sollozando, mientras pugnaba por quitarse aquel engrudo del rostro. Le cogí por los cabellos aquella cabezota, haciendo que me mirara a la cara con dificultad, y le susurré: -Quédate con mi cara, hijo de puta, porque como me vuelva a cruzar contigo por un pasillo en Iberia vas a desear no haber nacido. Si te preguntan qué te ha pasado, dirás que intentaste hacer una poción contra el acné y te pasaste con algún ingrediente. ¿Me has entendido?-El matón asintió de forma rápida e insistente.
El tren comenzaba a aminorar, lo que significaba que estábamos llegando a nuestro destino. Cambié mi rostro, y con una jovial sonrisa me giré hacia sus compinches y dije: ¡Nos vemos en Iberia, chicos! Ha sido un placer hablar un rato con vosotros.-Les di la espalda, sorteé sin dificultad al gorila embadurnado de violeta y me zambullí entre la multitud. Llegué a mi vagón, metí a mi animalario en la bandolera y me dirigí a la puerta más cercana. Entre el mar de cuerpos de alumnos distinguí a aquella chica tan simpática, Lorena, cuyo cabello ahora era de color rubio.
La saludé con una sonrisa y pregunté:-¡Hola de nuevo! ¿Estás lista?
Ella me devolvió la sonrisa y dijo:
-¡Si! Te estaba buscando, ¿dónde estabas?-Miré por encima de su hombro y vi a mis tres amiguitos matones saliendo del tren. Dos de ellos trataban de sostener al que se había bañado en excreciones de mi sapo.
-¿Yo? Dando una vuelta...
-¡Si! Te estaba buscando, ¿dónde estabas?-Miré por encima de su hombro y vi a mis tres amiguitos matones saliendo del tren. Dos de ellos trataban de sostener al que se había bañado en excreciones de mi sapo.
-¿Yo? Dando una vuelta...