El sonido de los alumnos de primero que acababan de terminar de desayunar retumbaba por los altos pasillos del colegio, y en ese momento, en el silencio de aquella estancia, en la que la tensión podía cortarse fácilmente a rebanadas, fue como un soplo de aire fresco.
Aquel alumno se encontraba delante de mí, sin saber que contestar, espera una burla, algún comentario hiriente y quizá sobreponerse a base de fuerza bruta, pero aquella contestación no la esperaba, aquello le hizo quedarse en blanco y eso hizo que mi posición se reforzara y antes de que fuera capaz de moverse, chasqueé la lengua para marcharme, tenía clase en otra aula y tenía que ir deprisa.
Sara se adelantó para atraparme, quería preguntarme sobre lo que había pasado con aquel alumno de lobo, saber que había pasado antes de la clase de herbología en aquel pasillo, pero ni yo mismo lo sabía, asique en una de las esquinas me escaqueé por un pasadizo que conocía y conducía a otro pasillo, lo suficientemente alejado para que no me molestara.
Al poco tiempo llegué a la torre de Astronomía, donde el profesor esperaba. Los comentarios eran igual todos los años. Muchos alumnos no querían que un animal les diese clase, pero a mí me parecía que era el único profesor que no era un animal.
La clase transcurrió con normalidad, haciendo un mapa del universo visible según la posición de las estrellas, además, utilizando la desviación que Einstein observo en la luz que nos llegaba de las estrellas. Así, este año tendríamos un plano estelar de la verdadera posición de las estrellas.
Durante la clase Sara buscaba mi mirada, pero yo la huía, no sabía que tenía que hacer, o decir, ni siquiera sabía porque había hecho eso, la chica no me gustaba. Pero siempre había tenido una debilidad por las chicas tristes, un debilidad que había sabido esconder durante todos mis años…hasta ahora.
La clase que siguió a la de Astronomía fue defensa contra las artes oscuras, durante el camino volví a esquivar a sara con relativa facilidad, la decepción en su rostro cuando desaparecí en una estancia hizo que mi corazón diera un vuelco. No soportaba ver a una chica así…
Me di la vuelta rápido y tras pasar un par de pasillos encontré la clase de defensa. Scipio se encontraba de pie ojeando un libro de criaturas del bosque que crecía a las afueras de la muralla del castillo. Cuando abrí la puerta, su mirada se planto ante mí con una mezcla de asco y odio.
-Ah, eres tu-sus labios escupieron las palabras como si el mero acto de usar palabras que estuvieran relacionadas conmigo le produjera angustia y ganas de vomitar.
-Si, soy yo-dije como si fuera la cosa más obvia del mundo y el fuera idiota. Avancé hasta mi sitio y me senté sin molestar a nadie, no tenía ganas de tener la segunda bronca de la mañana tan pronto.
La clase avanzó sin nada que pasara aparte de la palabrería de Scipio que increpaba una y otra vez a los alumnos, preguntando cosas que solo un par de personas sabían y que Scipio evitaba preguntarles.
Un par de personas perdieron puntos por ser idiotas según Scipio y unas risas de algunos idiotas del dragón hacia los comentarios jocosos del profesor les hicieron ganar puntos en unas preguntas posteriores que hasta un alumno del lobo hubiera sido capaz de contestar.
Después de terminar la clase de defensa me escurrí entre las mazmorras del castillo, hasta llegar a una de las trampillas que daban al jardín del castillo. Cuando subí por uno de ellos sara estaba allí, mirándome fijamente, con los brazos en forma de jarra, sabía que la había estado evitando todo el día y yo sabía que no podía escapar mas. Me levanté de aquel túnel, por el que me había agazapado durante varios metros.
-Carlos-Dijo con la cara llena de ira y odio homicidas-eres la serpiente mas rastrera que he llegado a conocer. El ser más insoportable, mas ególatra y mas cobarde. ¿Por qué me haces esto?-Sus palabras de odio fueron tornándose palabras de tristeza hasta que al final se desmoronó, dejándose caer en un asiento que estaba cerca.
-No se que quiero sara-dije mientras cerraba la entrada y me sentaba a su lado.
-¿Entonces porque lo hicieste?-pregunto ella, desconcertada.
-Aun no lo se, dame tiempo.
Ella se levantó y se marcho sin decir nada. El patio paso con normalidad, no vi al cabezahueca del lobo y recogí a Naga de la casa del dragón.
Las clases de transformaciones y encantamientos fueron nada, pues no conseguí escuchar a ningún profesor, estaba demasiado preocupado con lo de sara, seguramente sería mejor dejarlo pasar. Salí de la última clase, solo quedaba pociones, que compartíamos con la casa del Lobo, la última clase, esperaba no tener muchos problemas.
Aquel alumno se encontraba delante de mí, sin saber que contestar, espera una burla, algún comentario hiriente y quizá sobreponerse a base de fuerza bruta, pero aquella contestación no la esperaba, aquello le hizo quedarse en blanco y eso hizo que mi posición se reforzara y antes de que fuera capaz de moverse, chasqueé la lengua para marcharme, tenía clase en otra aula y tenía que ir deprisa.
Sara se adelantó para atraparme, quería preguntarme sobre lo que había pasado con aquel alumno de lobo, saber que había pasado antes de la clase de herbología en aquel pasillo, pero ni yo mismo lo sabía, asique en una de las esquinas me escaqueé por un pasadizo que conocía y conducía a otro pasillo, lo suficientemente alejado para que no me molestara.
Al poco tiempo llegué a la torre de Astronomía, donde el profesor esperaba. Los comentarios eran igual todos los años. Muchos alumnos no querían que un animal les diese clase, pero a mí me parecía que era el único profesor que no era un animal.
La clase transcurrió con normalidad, haciendo un mapa del universo visible según la posición de las estrellas, además, utilizando la desviación que Einstein observo en la luz que nos llegaba de las estrellas. Así, este año tendríamos un plano estelar de la verdadera posición de las estrellas.
Durante la clase Sara buscaba mi mirada, pero yo la huía, no sabía que tenía que hacer, o decir, ni siquiera sabía porque había hecho eso, la chica no me gustaba. Pero siempre había tenido una debilidad por las chicas tristes, un debilidad que había sabido esconder durante todos mis años…hasta ahora.
La clase que siguió a la de Astronomía fue defensa contra las artes oscuras, durante el camino volví a esquivar a sara con relativa facilidad, la decepción en su rostro cuando desaparecí en una estancia hizo que mi corazón diera un vuelco. No soportaba ver a una chica así…
Me di la vuelta rápido y tras pasar un par de pasillos encontré la clase de defensa. Scipio se encontraba de pie ojeando un libro de criaturas del bosque que crecía a las afueras de la muralla del castillo. Cuando abrí la puerta, su mirada se planto ante mí con una mezcla de asco y odio.
-Ah, eres tu-sus labios escupieron las palabras como si el mero acto de usar palabras que estuvieran relacionadas conmigo le produjera angustia y ganas de vomitar.
-Si, soy yo-dije como si fuera la cosa más obvia del mundo y el fuera idiota. Avancé hasta mi sitio y me senté sin molestar a nadie, no tenía ganas de tener la segunda bronca de la mañana tan pronto.
La clase avanzó sin nada que pasara aparte de la palabrería de Scipio que increpaba una y otra vez a los alumnos, preguntando cosas que solo un par de personas sabían y que Scipio evitaba preguntarles.
Un par de personas perdieron puntos por ser idiotas según Scipio y unas risas de algunos idiotas del dragón hacia los comentarios jocosos del profesor les hicieron ganar puntos en unas preguntas posteriores que hasta un alumno del lobo hubiera sido capaz de contestar.
Después de terminar la clase de defensa me escurrí entre las mazmorras del castillo, hasta llegar a una de las trampillas que daban al jardín del castillo. Cuando subí por uno de ellos sara estaba allí, mirándome fijamente, con los brazos en forma de jarra, sabía que la había estado evitando todo el día y yo sabía que no podía escapar mas. Me levanté de aquel túnel, por el que me había agazapado durante varios metros.
-Carlos-Dijo con la cara llena de ira y odio homicidas-eres la serpiente mas rastrera que he llegado a conocer. El ser más insoportable, mas ególatra y mas cobarde. ¿Por qué me haces esto?-Sus palabras de odio fueron tornándose palabras de tristeza hasta que al final se desmoronó, dejándose caer en un asiento que estaba cerca.
-No se que quiero sara-dije mientras cerraba la entrada y me sentaba a su lado.
-¿Entonces porque lo hicieste?-pregunto ella, desconcertada.
-Aun no lo se, dame tiempo.
Ella se levantó y se marcho sin decir nada. El patio paso con normalidad, no vi al cabezahueca del lobo y recogí a Naga de la casa del dragón.
Las clases de transformaciones y encantamientos fueron nada, pues no conseguí escuchar a ningún profesor, estaba demasiado preocupado con lo de sara, seguramente sería mejor dejarlo pasar. Salí de la última clase, solo quedaba pociones, que compartíamos con la casa del Lobo, la última clase, esperaba no tener muchos problemas.