Avancé por los pasillos, directo a clase de pociones. Había esperado durante todo aquel verano ansioso la primera clase de pociones, me encantaba destacar y demostrar mi superioridad aplastante. Era bueno en casi todas las disciplinas, pero en pociones sin duda destacaba en la que mas.
Al llegar a la puerta que daba a la sala de pociones, el pequeño olor que se desprendía por debajo de la puerta hizo que esbozara una pequeña sonrisa.
Extracto de gusarajo, pensé, era algo básico para dar espesor a la mayoría de las pociones y para dar algunas propiedades a unas pocas.
Abría la puerta y la clase de pociones apareció ante mí. Unos cuantos bancos, de piedra maciza. Los bancos se llenaban de calderos, ahora mismo vacios, encima de una estructura que era la que servía para calentarlos.
Al fondo habían varios surtidores de agua que daban a un desagüe en el suelo, que servía para limpiar los calderos después de las clases.
En la mesa, sentado enfrente de un libro estaba el profesor de pociones, Seth Amneris. Era un hombre de tez oscura, con la cabeza totalmente rapada y una serpiente tatuada que subía por su cuellos hasta ella. Su túnica reposaba sobre la silla, siempre se la quitaba para hacer pociones, quizá para no mancharla o quizá por el calor que emitían los calderos. Y aquella clase no es que tuviera una refrigeración estupenda. Sus brazos se llenaban de tatuajes que subían por ellos, eran símbolos de una civilización ya perdida en los desierto de Egipto, enterrada por la Arena y el tiempo, Seth era uno de los pocos descendientes de aquella tribu de alquimistas.
El profesor levantó la cabeza cuando entré en la habitación, sus ojos de serpiente se encontraron con los mios. Su mirada era severa, como si me estuviera juzgando por lo que hubiera hecho, yo sostuve la mirada, me gustaba poner nerviosos a los profesores, pero seth nunca se ponía nervioso.
-Como siempre, otra vez el primero-contesto, sosteniendo cada s de la frase, un deje que en mi opinión era bastante divertido.
-Escucharte diciendo un trabalenguas con la s, debe ser como escuchar parsel-dije burlón, mientras me sentaba en la primera fila. Seth se rió, sabía encajar una buena broma.
-Hoy he visto algo curioso, que quizá te guste.-comentó mientras me miraba a los ojos divertido.
-¿El qué?-pregunté interesado, mientras repasaba que el caldero estuviera en orden.
-Una chica que ha llegado esta mañana nueva, creo que de la casa de la marta-dijo y sonrió al ver que había llamado mi atención-Había conseguido un tinte para el pelo, bastante impresionante, a primera vista pensé que era obra de algún ingenioso alquimista, un producto ahora al comienzo de las clases, y me sorprendió, porque era un tinte perfecto-dejo pasar el tiempo para que yo pudiera saborear esas palabras, sabía mi debilidad y le encantaba preparar el terreno.- Hasta que vi tu inconfundible sello, y pensé después no puede ser él, no se la jugaría a hacer pociones fuera del horario de clase-contesto, sarcástico.
-Claro que no, soy un buen chico-conteste con mas ironía si cabía.
El profesor rió un buen rato y volvió a inmiscuirse en el libro.
-bueno, pues si por algún casual encuentras algún vial que parezca tinte, tráemelo, me gustaría estudiarlo. No llego a discernir todos los ingredientes.
Sonreí, aquellas clases me encantaban. Abrí el libro y comencé a repasar las pociones. Iba a ser un buen día.