Me quedé blanco. ¿Veinte puntos por contestar correctamente a una pregunta? Aquel hombre era un impresentable. Dándome cuenta de que discutir no iba a servir de nada con aquel patán, ignoré la sonrisa de autosuficiencia del profesor, aparté ligeramente el libro de texto para hacerme espacio en la mesa y me puse a dibujar con rabia sobre el pergamino de apuntes. De todos modos, estaba en blanco... Aquel hombre no decía más que obviedades y encima erraba en ellas.
La clase continuó con la desagradable voz de Scipio como hilo musical. Decidido a no escucharle, traté de recrear sobre mi pergamino el árbol evolutivo de las diferentes familias de dragones. Forzosamente el Bola de fuego tenía que haberse escindido de la rama principal antes que el resto... Sin embargo, no podía dejar de oír las erradas afirmaciones del profesor, que sorprendentemente parecían pasar desapercibidas ante mis compañeros. Desde luego, en Iberia podía acabar dando clase cualquiera...
Algo me sacó de mi ensimismamiento. La clase parecía haberse detenido. Miré a mi alrededor confundido y vi que todas las miradas de mis compañeros me apuntaban. Giré la vista hasta el profesor y vi que me observaba con un rostro de sadismo no disimulado. Frunciendo el ceño le miré inquisitivo.
-Muñoz, ¿Se puede saber qué está haciendo?-Su voz me arrebataba la paciencia a velocidad vertiginosa. Traté de calmarme, pero por alguna extraña razón oía la voz de mi abuela gritándome al oído "¡Machácale!". No obstante, el sentido común me decía que no era recomendable caer mal a un profesor el primer día de clase, así que musité:
-Disculpe, señor. Estaba distraído...
-¡No me diga, señor Muñoz! Sin duda piensa usted que sus conocimientos son tan elevados como para despreciar las lecciones impartidas en estas clases.-Mientras hablaba, se iba acercando a mi mesa con movimientos pausados-Sin lugar a dudas podrá usted compartir tan vasto conocimiento con la clase explicando brevemente qué es un Quintapé.
Terrible dilema. Contestar a la pregunta y seguir siendo el blanco de sus críticas o fingir que ignoraba la respuesta, y ser el blanco de sus burlas. Lo de Quintapé me había matado, así que si me hubiese callado habría explotado.
-El quintaped, señor-Comencé, pronunciando sonoramente la D-Es una bestia carnívora sumamente peligrosa que muestra predilección por la carne humana. Clasificada por el Ministerio como criatura peligrosa de rango 5, su cuerpo achatado está cubierto por grueso pelo de color castaño rojizo, igual que sus cinco patas de pies deformes. Se encuentra solamente en la Isla de Drear, mar adentro en la costa más septentrional de Escocia. En la Simbología Rúnica, sus patas simbolizan el número 5.
Los compañeros me miraban. Scipio pasaba su vista de mi cara al infinito y viceversa. Finalmente masculló:
-Muñoz, o se está usted inventando esos datos o me encuentro frente al mayor sabelotodo de la historia de esta escuela.
¿Sabelotodo? A hacer puñetas. Abuela, tú ganas.
-Con el debido respeto, señor, existe una gran diferencia entre la presunción y el conocimiento. Y le voy a decir una cosa, usted está bastante más próximo que yo a dicha petulancia, por no hablar de la ignorancia.-Ya está, ya lo había dicho y ahora no podía parar- No se debe haber dado cuenta por mi comentario, pero Quintaped se pronuncia con una D final. Los Jarwey tienen forma de hurón gigante, no de tejón. El Lethifold vive en climas tropicales, no ecuatoriales, y es de color negro, no gris translúcido. Y, por favor, el Ghoul es una criatura de nivel de peligrosidad 2, no 4. ¿Es que nunca ha tenido uno en el desván de su casa? Y podría corregir prácticamente cada una de las palabras que ha dicho en la clase de hoy, pero necesitaría todo el día. Haga el favor de acabar de dar la clase y ponerme el castigo que su retorcida mente sea capaz de imaginar.
Me crucé de brazos y me quedé mirándole con una ceja levantada. Por dentro estaba asustadísimo por lo que acababa de hacer, pero no le iba a permitir a aquel canalla hacérselo ver.
Scipio se volvió más blanco que la tiza que sostenía en la mano. Boqueaba como un pez fuera del agua. Lorena me miraba con la boca abierta. Mis compañeros me contemplaban como si fuese un dementor.
Ale, ya estaba hecho.
La clase continuó con la desagradable voz de Scipio como hilo musical. Decidido a no escucharle, traté de recrear sobre mi pergamino el árbol evolutivo de las diferentes familias de dragones. Forzosamente el Bola de fuego tenía que haberse escindido de la rama principal antes que el resto... Sin embargo, no podía dejar de oír las erradas afirmaciones del profesor, que sorprendentemente parecían pasar desapercibidas ante mis compañeros. Desde luego, en Iberia podía acabar dando clase cualquiera...
Algo me sacó de mi ensimismamiento. La clase parecía haberse detenido. Miré a mi alrededor confundido y vi que todas las miradas de mis compañeros me apuntaban. Giré la vista hasta el profesor y vi que me observaba con un rostro de sadismo no disimulado. Frunciendo el ceño le miré inquisitivo.
-Muñoz, ¿Se puede saber qué está haciendo?-Su voz me arrebataba la paciencia a velocidad vertiginosa. Traté de calmarme, pero por alguna extraña razón oía la voz de mi abuela gritándome al oído "¡Machácale!". No obstante, el sentido común me decía que no era recomendable caer mal a un profesor el primer día de clase, así que musité:
-Disculpe, señor. Estaba distraído...
-¡No me diga, señor Muñoz! Sin duda piensa usted que sus conocimientos son tan elevados como para despreciar las lecciones impartidas en estas clases.-Mientras hablaba, se iba acercando a mi mesa con movimientos pausados-Sin lugar a dudas podrá usted compartir tan vasto conocimiento con la clase explicando brevemente qué es un Quintapé.
Terrible dilema. Contestar a la pregunta y seguir siendo el blanco de sus críticas o fingir que ignoraba la respuesta, y ser el blanco de sus burlas. Lo de Quintapé me había matado, así que si me hubiese callado habría explotado.
-El quintaped, señor-Comencé, pronunciando sonoramente la D-Es una bestia carnívora sumamente peligrosa que muestra predilección por la carne humana. Clasificada por el Ministerio como criatura peligrosa de rango 5, su cuerpo achatado está cubierto por grueso pelo de color castaño rojizo, igual que sus cinco patas de pies deformes. Se encuentra solamente en la Isla de Drear, mar adentro en la costa más septentrional de Escocia. En la Simbología Rúnica, sus patas simbolizan el número 5.
Los compañeros me miraban. Scipio pasaba su vista de mi cara al infinito y viceversa. Finalmente masculló:
-Muñoz, o se está usted inventando esos datos o me encuentro frente al mayor sabelotodo de la historia de esta escuela.
¿Sabelotodo? A hacer puñetas. Abuela, tú ganas.
-Con el debido respeto, señor, existe una gran diferencia entre la presunción y el conocimiento. Y le voy a decir una cosa, usted está bastante más próximo que yo a dicha petulancia, por no hablar de la ignorancia.-Ya está, ya lo había dicho y ahora no podía parar- No se debe haber dado cuenta por mi comentario, pero Quintaped se pronuncia con una D final. Los Jarwey tienen forma de hurón gigante, no de tejón. El Lethifold vive en climas tropicales, no ecuatoriales, y es de color negro, no gris translúcido. Y, por favor, el Ghoul es una criatura de nivel de peligrosidad 2, no 4. ¿Es que nunca ha tenido uno en el desván de su casa? Y podría corregir prácticamente cada una de las palabras que ha dicho en la clase de hoy, pero necesitaría todo el día. Haga el favor de acabar de dar la clase y ponerme el castigo que su retorcida mente sea capaz de imaginar.
Me crucé de brazos y me quedé mirándole con una ceja levantada. Por dentro estaba asustadísimo por lo que acababa de hacer, pero no le iba a permitir a aquel canalla hacérselo ver.
Scipio se volvió más blanco que la tiza que sostenía en la mano. Boqueaba como un pez fuera del agua. Lorena me miraba con la boca abierta. Mis compañeros me contemplaban como si fuese un dementor.
Ale, ya estaba hecho.