18 abr 2011

Carlos

La clase de pociones terminó como había empezado, con mis acertadas respuestas a las preguntas que el profesor formulaba, y con sus miradas, diciendome que dejara al resto pensar aunque fueran 3 segundos las respuestas.
Ningun miembro del Lobo me dijo nada, quizá algunas miradas de odio o quizá les importaba bien poco lo que les había dicho, cabía incluso la posibilidad de que no hubieran entendido lo que les había respondido.
Al salir de clase me apresure al comedor, pues ya era casí la hora de comer y me encontraba hambriento.
Devoré con avidez los platos que iban desfilando por delante de mi, los primeros días siempre me entraba esa hambre, quizá mas por el hecho de levantarme pronto que de realizar ejercicio mental.
Al acabar vi entrar a quella chica a la que le había hecho la jugarreta en el pelo, sonreí, llegaba tarde al comedor, ya no había nada en los platos.
Me levanté para ir al cuarto, a dejar los libros de pociones, nos habían puesto un trabajo sobre el ajenjo y las propiedades que se suponía que tenía con los vampiros, yo realmente conocia mas la preparación del ajenjo como bebida alcoholica.
Cuando llegué al cuarto, nagga había revuelto la colcha y se había metido dentro, al llegar me recibió con un siseo fuerte y rápidamente entro por mi manga apropiandose de mi calor.
Me tumbé por un instante, estaba muy cansado, nunca había llevado bien eso de madrugar.
Sin darme cuenta me quede traspuesto durante unos minuts, cuando me levanté se oian ruidos en la sala común. Cogi los libros de herbología y de pociones y bajé hacía la bilbioteca, al llegar al pasillo, vi a una chica, muy rubia, con un rubio pajizo muy familiar que llevaba la falda enganchada a su ropa interior, con lo que se le veia parte de su trasero.
Me acerqué por atras hasta poder susurrarle al oido.
-Enseñarme tus braguitas es una forma poco sutil de llamar mi atencion, rubia-dije, ella se asusto y girandose avergonzada me miró con odio- Además no pegan con tu color de pelo.