La semana transcurrió entre discusiones con el profeson de defensa contra las artes oscuras, que solían acabar en frases contra el profesor y castigos para mi y las clases magistrales de pociones donde solía dar lo mejor de mi.
Apenas había hablado con Sarah desde aquel incidente en los pasillos del colegio, era una chica atractiva, de mi misma casa, pero nunca me había gustado, quizá porque era demasiado fácil, nunca me habían gustado las cosas fáciles.
Me levanté al oír los pasos de mis compañeros de habitacion que se iban vistiendo, cada cual con las ropas que habían traído de casa. Los sabados solia ser el día que casi todos los muggle vestían las ropas que traían de sus casas, pero esas ropas no se veian por la casa del dragon, allí todos vestían túnicas de mago enseñando muchas veces el blason de la casa de la que provenian haciendo alarde de su linaje y de su sangre.
Al levantarse de la cama el cuerpo serpenteante de nagga acaricio mis piernas haciendo que tuviera un escalofrío. Aunque llevaba años durmiendo con ella nunca me había acostumbrado a ese tacto frío y escamoso a primera hora de la mañana.
-Si, Si, pequeña enseguida voy a por la comida-dije mientras me levantaba y me ponía la túnica, la cual exhibia el blason de la casa del dragon, que era el escudo de mi familia.
Después de vestirme abrí el cajón y cogí otro de los ratones que tenía para la serpiente y lo lancé al aire. La serpiente observo como el ratón se elevaba y cuando estuvo en su punto mas alto saltó hasta agarrarlo y enrollándose alrededor empezó a engullirlo.
-Empiezas a necesitar cosas mas grandes...y mas vivas-observé mientras recogía mi varita. El día anterior había terminado todo lo que habían mandado y solo quedaba un asunto con el idiota de defensa contra las artes oscuras.
-Bien, Nagga, mejor quedate aquí, no queremos que el idiota que defensa se cague de miedo al verte-dije casi riendo, la serpiente siseo algo enfadada pero se metió en su lugar, en la mesita de noche para que los elfos puieran hacer las camas.
Bajé corriendo por las escaleras hasta llegar al despacho del Scipio que estaba bastante cerca de la entrada a la casa del dragón, bastante cerca comparado con el resto de sitios pues la casa del dragón estaba bastante alejada de todo el castillo. Al llegar a la puerta, pusé mala cara y toqué dos veces con los nudillos.
-Si ¿quien es?-dijo aquella espeluznante voz, sin duda aquel capullo le daba repelus cada vez que hablaba.
-Soy yo, Scipio-contesté. Se oyó una silla arrastrandose y unos pasos que se acercaron a la puerta, resonando por toda la piedra.
-Sr. Scipio para Usted Draconis-dijo el profesor casi con cara de asco mientras los inspeccionaba de arriba a abajo-veo que por lo menos sigue teniendo un mínimo de puntualidad.-se hizo a un lado y espero que entrara.
Me lo pensé un momento, calculando cuanto podría enfadar a Scipio, pero decidí que hacía un buen día como para pasárselo entero con aquel imbecil asique entre y me senté en la silla que el jefe de mi casa había preparado.
-Bien, como se ve que usted tiene la manía de desacreditar mis palabras y creer que es mas listo que yo, se dedicara a hacer mi trabajo hasta la hora de comer-Scipio le señalo un montaña de papeles y una pluma.-Adelante Draconis, empiece con el trabajo.
Durante las horas restantes pasé pasando a limpio todas las notas sobre las clases de Scipio de los siguientes meses, dándome incluso alguna licencia y corrigiendo en rojo lo que estaba mal, Scipio tardo un rato en darse cuenta y para cuando lo hizo ya era casi la hora de comer. Entre gritos e insultos me tiro fuera de su despachó, no sin antes prometerme que volvería a repetirlo por mi insolencia. me marcho hacía el dormitorio, con la muñeca cansada y adolorida de haber pasado varias horas escribiendo sin parar, pensando en un encantamiento para dar vida a una pluma.
Al llegar al dormitorio cogí a Nagga que se deslizo por mi brazo hasta acoplarse en mi cuerpo. salí del dormitorio y al llegar a la sala común me crucé con Sarah, esta me miró a los ojos y con la cabeza alta paso a su lado casi arrollandome y se cerró de un portazo. Nagga siseo enfadada.
No había hablado con Sarah desde entonces, y se notaba que estaba ofendida. Decidí no darle importancia y bajé por las escaleras, tenía mucha hambre y esperaba que la comida fuera de mi agrado.