24 ago 2011

Carlos

El mes de octubre se me había pasado tan rápido que apenas había tenido tiempo de nada.
Las clases se habían vuelto más divertidas desde el incidente con los alumnos del lobo, y ambos nos pateábamos en clase.
A finales de septiembre metí un petardo que había transformado en serpiente y los persiguió para acto después hacer una explosión, haciendo que uno de ellos chillase como una nena.
Ellos contraatacaron días después en clase de pociones, cambiándome un ingrediente y haciendo que mi poción explotara en una gelatina verde que me dejo la túnica tintada una semana.
El siguiente ataque fue de mi parte, cambiando unas semillas que había que plantar de mandrágora por unas de sauce boxeador. Después solo me toco usar una poción aceleradora del crecimiento y a la semana uno del lobo fue ingresado en la enfermería para que le arreglaran los dientes que el sauce le había arrancado cuando este había ido a mirar las plantas.
Las putadas se sucedieron siendo cada una mas cabrona que la anterior, los profesores nos interrogaron varias veces, pero cada vez éramos más cautelosos.

Según avanzaba el calendario más frío hacia en el norte, los arboles se estaban dorando y las hojas caían al suelo. Me gustaba pasear por el bosque y chafar la hojarasca. Un día a principios de octubre noté que Nagga se movía más lenta, que le costaba moverse. Pronto se Iría a hibernar, asique tocaba ir de caza. La cogí y la metí en el bolsillo y avancé con Nagga por el borde del bosque, buscando alguna presa que pudiera echarse a la boca.
Cuando habíamos andado lo suficiente Nagga siseó, había olido algo, y le gustaba cazar sola. La solté en medio del bosque y se deslizó por el suelo. Luego la buscaría.
Decidí dar un paseo por el bosque, para aclarar mis ideas. Las hojas doradas crujían bajo mis pies, delatando mi posición a cada paso. Más adentro del bosque se podía notar la presencia de criaturas que me miraban entre curiosas y hambrientas, pero notaba su inquietud. Aun así, decidí alejarme por si alguna era lo suficientemente grande como para causarme problemas.

Al fondo se oían gritos y golpes y unas risas de fondo, me acerqué a ver de donde provenían las voces. Al mirar, me di cuenta que provenían del campo de entrenamiento de quiditch. Me acerque por curiosidad al reconocer las risas de 4 orangutanes del clan del dragón. Allí había un cartel grande que ponía: “PRUEBAS PARA EL EQUIPO DE LA MARTA”. Debajo de las letras había un mago volando en una escoba mientras saludaba con la mano, ni me moleste en mirarlo. Me acerque más hasta situarme en una de las gradas vacías. En el aire una pequeña marta volaba en escoba mientras su pelo del color de la hoja de otoño volaba al viento. Era aquella chica de primero aquella con la que había estado jugando. Hacía poco había hecho que Nagga se colara en su habitación para rociarle el cabello con una de sus pociones, ella se había enfadado y me había gritado al día siguiente pero… ¿cómo iba yo a entrar en la casa de la marta?
Como si una estúpida pared falsa pudiera engañarme…
La chica se movía con soltura golpeando la bludger hasta que esta le dio en el hombro, cuando me di cuenta, estaba aferrando la barandilla con fuerza. Por dios, era una estúpida muggle.
Su figura se recortaba en el aire, se sujetaba el hombro con una mano y con la otra aquel bate, que podría ser más grande que ella. Los alumnos del dragón se reían señalándola y haciendo gestos y chillando si debería usar la escoba sólo como lo hacen las muggle.
La bludger se dirigió hacia ella directa y ella la desvió con un golpe fuerte haciendo que pasara cerca de las cabezas de los alumnos del dragón que salieron corriendo. Al bajar de la escoba, Roberto, un capullo de la marta con el que compartía algunas clases, la felicitó. No lo oí bien pero por sus caras parecía que la chica iba a estar en el equipo.
Me deslicé fuera del campo de entrenamiento y llegue al lindé del bosque. Allí estaba Nagga, con la barriga de un tamaño descomunal, parecía que había atrapado un cervatillo, bien, así le duraría para todo el invierno.
Me senté en unos de los arboles, Nagga tardaría en hacer la digestión. Al mirar al cielo, me pareció ver alguien volando en escoba.