10 oct 2011

Carlos

La mañana que precedió a aquella noche no fue lo que se puede decir por tranquila.
Al despertar se oían las voces de de los compañeros de habitaciones discutir entre ellos porque a uno le faltaba uno de los cromos de magos importantes que el otro había estado ojeando con bastante interés la noche anterior. Fuera, en el exterior, la lluvia, que había empezado a oir a las tantas de la madrugada había cogido fuerza, golpeando con más énfasis los cristales y amenazando con inundar todo el patio trasero del colegio.
Me levanté y eche una mirada a los dos alumnos, los cuales salieron de la habitación con prisa, sin parar de echarse miradas el uno al otro.
Cuando termine de desperezarme mire uno de los relojes que colgaban de la pared, lo había encantado para que me dijera el tiempo exacto que falta para las clases, dándome el tiempo que me quedaba para desayunar. Ahora marcaba 20 minutos.

Me apresuré en desvestirme y ponerme la túnica. Busqué a tientas la capa pero no la encontré. Una imagen paso fugazmente por mi mente. Le había dejado aquella capa a la marta y ahora no tenía con que abrigarme. Murmuré por lo bajo algunas maldiciones por no acordarme de recuperar la capa a tiempo.
Al girar la cabeza para buscar a Nagga, vi que su cola asomaba por debajo de la cama.
Con el tiempo tan frio Nagga no podía más que acurrucarse en un rincón mas o menos templado y aguantar las energías.

Bajé corriendo y un alumno de mi curso se planto delante de mí. Se llamaba Héctor, era un chico alto con el pelo negro y lacio que llevaba peinado como si su madre viniera todas las mañanas a arreglarlo antes de bajar al comedor. Llevaba unas gafas y solía tener bastante éxito con las chicas.. Lo mire de arriba abajo, analizándolo antes de lanzarle un conjuro que lo pegase a la pared.

-¿quieres algo?-dije con un voz gélida, casi siseante, me había levantado de mala gana y no era bueno molestarme.
-Vamos a levantar a todas las sangre sucia de primero por los tobillos y dejarlas colgando-Había un énfasis y una emoción en su voz, que casi parecían locura. Siempre había sido de estos a los que la sangre le importaba más que otra cosa. Lo mire de arriba abajo casi con desprecio.-Vamos, mira tus raíces, es un insulto que esa gente comparta nuestro colegio.
-Si creyeras en la importancia de la sangre limpia y de la estirpe…-dije, dejando una pausa para que las palabras llegaran y tuviera tiempo de pensar que iba a decir.-Ni se te ocurriría dirigirme la palabra pues tu estirpe no es nadie al lado de la mía.
Mis ojos se volvieron gélidos y fríos y le mire desafiante, como esperando que me contestara.
La respuesta le pilló por sorpresa, pero no se calló.
-Ya, todos saben que nunca has hecho justicia a tu apellido. Te dedicas a pavonearte por tu estirpe y seguro que no eres más que un amigo de los muggles. Incluso andas con esa chica rubia, Sarah. Todos sabemos que su madre trabaja en el ministerio, en el departamento contra la regulación del maltrato de muggles. Es una traidora a la sangre y parece que tu también-Sus ojos destilaban odio.
Saqué la varita y le apunte, apenas tuvo tiempo para hablar cuando un rayo salió disparado de mi varita y lo dejo colgando en la pared. Intento coger la varita pero le hice un gesto, previniéndole que sería peor.
-Ni se te ocurra hablar mal de ella, o te aseguro que me ocupare de que tu vida en el castillo sea un infierno-dije mientras me acercaba mas a él-Tu familia no es más que un montón de mierda, que cree mejor que otros magos por tener algún parentesco con familias antiguas y poderosas de verdad. No te atrevas a hablarme de estirpe y de sangre limpia a mí! A mí que mi sangre desciende desde los magos más antiguos de este país. Así que si se te ocurre hablarme de pureza de sangre te la sacaré toda del cuerpo para que contemples que tu sangre es tan sucia como tu alma.
Lo dejé bajar y me marché disgustado, entonces oí unas palabras y mi varita salió volando por los aires cayendo a unos metros.
-Nunca debes de darle la espalda a un adversario, estúpido-Sonrió el chico, mientras le apuntaba con la varita-¿Qué maleficio probaré?

-Atrévete-conteste desafiante.

Su boca se abrió para realizar el maleficio pero otra voz se superpuso a la de el.
-EXPELLIARMUS-Una voz femenina cruzó el pasillo y un rayo de luz golpeo la varita del otro dejándola en el suelo. Al otro lado del pasillo una chica, de melena rubia, mantenía la varita en ristre apuntando a Hector.-Corre o te haré volar por los aires.
El chico no se lo pensó dos veces. Salió corriendo del pasillo maldiciendo por lo bajo y recogiendo su varita por el camino.
Caminé hasta la varita y la recogí, dándole un par de golpecitos para limpiarla, esta soltó un par de chispas verdes.
-Gracias-conteste mientras guardaba la varita en el bolsillo.
-Gracias a ti-contesto ella, tenía lágrimas en los ojos-Gracias por defenderme.
No pude sostenerle la mirada, ella se acerco y me abrazó, olía a flores, era un olor primaveral, un olor que te inundaba por dentro, pero que se marchaba con la misma facilidad con la que había llegado.
-Casi es la hora de clase-contesté mientras le acariciaba la cabeza.
-si, vamos.-su voz sono melancolica mientras se daba la vuelta-
Caminamos en dirección hacia el comedor, apenas quedaban unos minutos para disfrutar del desayuno, pero una tostada era mejor que nada.